Si te pones a ver el mapa mundi, todo parece estar en su lugar. América aquí, Europa allá, los océanos en medio. Aunque no lo sintamos, los continentes se mueven, se chocan y se separan en un proceso que lleva ocurriendo desde mucho antes de que existiéramos. Lo que pocos saben es que, según los últimos estudios, el planeta ya arrancó una nueva fase que podría terminar con la formación de otro supercontinente.
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Ojo, no es para alarmarse. Esto no va a pasar mañana ni en los próximos siglos, hablamos de cientos de millones de años. Sin embargo, según lo publicado en Geological Magazine, la dinámica interna de la Tierra indica que las masas de tierra están volviendo a juntarse lentamente. Es como un ciclo interminable.
Hace como 300 millones de años, casi toda la superficie seca estaba pegada en un bloque gigante llamado Pangea. Con el tiempo, ese monstruo se hizo pedazos y dio origen a los continentes que conocemos hoy. Los geólogos lo tienen claro: eso no fue un evento único, sino parte de un patrón que se repite. La Tierra alterna entre momentos donde los continentes se dispersan y épocas donde se vuelven a unir. Y parece que vamos entrando otra vez a la etapa de convergencia.
Predecir el futuro del planeta no es adivinanza, se basa en proyectar cómo se comportarán los océanos y el manto terrestre. No hay una sola respuesta, pero los expertos manejan al menos cuatro escenarios posibles que han publicado en revistas como Geological Magazine:
Que los continentes se unan no es solo un cambio de dibujo en el mapa. Tener un supercontinente afecta el clima global porque los océanos pierden capacidad para moderar la temperatura. Esto significa que las zonas lejos del mar podrían tener veranos brutales e inviernos muy fríos. Además, la circulación del agua cambiaría, afectando cómo se distribuye el calor en todo el globo.
En cuanto a los seres vivos, la historia geológica muestra que estas transiciones suelen coincidir con momentos difíciles para la biodiversidad. Cuando las tierras se juntan, desaparecen las barreras naturales que separaban a las especies y aumenta la competencia por sobrevivir. A esto se suman cambios en el nivel del mar y más actividad volcánica.
Los científicos insisten en que hablar de extinciones masivas no es una amenaza para nosotros en el futuro inmediato. Son patrones que ya ocurrieron en la historia profunda de la Tierra. El mensaje es claro: el planeta sigue su curso, aunque ese curso tome millones de años en completarse. Por ahora, el mapa se queda igual, pero la Tierra sigue trabajando en su siguiente gran proyecto.
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