El Parlamento de Rumania aprobó este miércoles la autorización para que Estados Unidos despliegue fuerzas y equipos militares en bases rumanas durante la ofensiva en Irán.
La decisión, anunciada oficialmente por el presidente Nicusor Dan, involucra el uso de instalaciones en el sur del país y la costa del mar Negro para operaciones de reabastecimiento y apoyo logístico vinculadas a la escalada del conflicto en Oriente Próximo.
El despliegue estadounidense en Rumania contempla el envío de aviones cisterna, sistemas de seguimiento y plataformas de comunicaciones vía satélite, así como la instalación de efectivos en el marco del acuerdo de defensa bilateral. Estos recursos se consideran defensivos y están calificados como equipos no cinéticos, sin armamento ofensivo.
El Parlamento refrendó la medida con 272 votos favorables, 18 en contra y cinco abstenciones, en una sesión tensa marcada por abucheos de la oposición, que manifestó su inquietud por los riesgos para la seguridad nacional.
Los partidos de la coalición gubernamental defendieron la decisión, subrayando que no implica una intervención directa de Rumania en los combates en Irán, sino un respaldo a la logística militar aliada.
El despliegue se centrará en la base aérea de Deveselu, donde opera el escudo antimisiles, y en la instalación de Mihail Kogalniceanu, cerca del mar Negro.
Entre 400 y 500 militares estarán presentes durante un periodo inicial de 90 días, con posibilidad de prórroga si la situación lo requiere. La presencia militar extranjera se limitará a operaciones de reabastecimiento, control y enlace, sin uso de armamento activo en suelo rumano.
Nicusor Dan afirmó que el país es seguro tras la aprobación del acuerdo y exhortó a la población a mantener la calma. El jefe de Estado insistió en que los dispositivos estadounidenses no están equipados con armas reales y que la cooperación responde a compromisos multilaterales asumidos por Rumania como miembro de la OTAN desde 2004.
La decisión rumana contrasta con la postura de otros socios europeos: España rechazó conceder sus bases para operaciones ofensivas en la región, mientras que Italia optó por no participar de manera activa en la guerra.
En el caso de Reino Unido, aunque inicialmente denegó la autorización, a comienzos de marzo el gobierno británico cambió de postura y aceptó el uso de estas instalaciones con una condición específica.
Downing Street explicó que el permiso se concedió únicamente para un propósito defensivo y limitado, destinado a destruir misiles iraníes antes de que pudieran ser utilizados. El primer ministro Keir Starmer precisó que la autorización se otorgó para eliminar esas amenazas en su origen.
El contexto de la decisión incluye el incremento de la actividad militar aliada en el continente. La base aérea RAF Fairford, en el oeste de Inglaterra, se transformó en un centro neurálgico para la acumulación de bombarderos estratégicos y municiones destinadas a la campaña en Irán.
El secretario de Defensa estadounidense, Pete Hegseth, adelantó que los ataques alcanzarán una intensidad inédita, con el despliegue de bombarderos B-52 y B-1 Lancer en territorio británico tras la autorización del gobierno.
(Con información de EFE y Europa Press)


