El presidente Donald Trump tiene frente a él un mapamundi al que intenta redibujar. Con un conjunto de escuadras, reglas y transportadores Trump mueve las fronteras de ciertos países, reorienta alianzas, arrincona a enemigos y derroca a dictadores.
Una suerte de realismo mágico ha concretado un matrimonio entre Trump y Delcy Rodríguez. ¿Quién dijo que entre radicales opuestos no pueden escribirse cartas de amor? María Corina Machado, en sala permanente de despecho, ha quedado en la banca junto a Juan Guaidó. Si la oposición venezolana fue perseguida por Maduro, ahora, los opositores son olvidados por Trump.
En Irán no existe una Delcy Rodríguez. Primero los misiles y después las ocurrencias. Los objetivos de la Casa Blanca son ambiguos: primero habló del programa nuclear iraní. Cuando Trump recordó lo que dijo el año pasado al destruir “totalmente” la capacidad nuclear, dijo que lo que seguía era derrocar al ayatolá Jamenei. Después, Marco Rubio dijo que Irán atacaría a Israel y lo mejor era hacer un ataque preventivo. Luego, rectificaron. El ataque sería de Israel y lo mejor era adelantarse a una respuesta peligrosa de Irán.
Si los objetivos son confusos, los resultados serán desastrosos.
Israel sí lo tiene claro; no hay estrategia casual. Por ejemplo, sobre Beirut, territorio-escudo defendido por Hezbolá, el ministro de Fianazas israelí, Bezalel Smotrich, amenazó con convertirlo en algo similar a la Franja de Gaza.
Por miedo o por debilidad, o quizá por ambos rasgos, los países han dejado a un lado el derecho internacional. Uno puede ser calificado de ingenuo, en el mejor de los escenarios, o traidor, si le niega a Trump el apoyo de su guerra. El presidente de España Pedro Sánchez, debilitado en su imagen doméstica y sin tener la mayoría en el Congreso, apela al derecho internacional, pero el PP le recuerda que primero hay que salvar la alianza con los estadounidenses.
El canciller alemán Friedrich Mertz se ha dejado mimetizar por el presidente Trump. Emmanuel Macron prepara de manera súbita su legado vinculando su figura a la evolución nuclear de su industria de guerra.
América Latina está de fiesta.
Lo que veremos el sábado en Miami será la alfombra roja de la nueva “OEA dogmática” por donde desfilarán 11 presidentes. Todos ellos tendrán como objetivo proclamar a Donald Trump como el nuevo emperador de Latinoamérica (doctrina Donroe). El suceso será llamado Escudo de las Américas.
Ayer hubo una prueba del evento. Stephen Miller y Pete Hegseth se reunieron con militares latinoamericanos para leerles el programa del sábado: seguridad y religión cristiana.
“Después de décadas de esfuerzos, hemos aprendido que no existe una solución de justicia penal para el problema de los cárteles", dijo Miller. Vendrán los palos y las zanahorias. Hegseth, por su parte, planteó la opción que quiere Trump: ¿China u Occidente, es decir, Estados Unidos?
Tiempo de definiciones.

