Un grupo de arqueólogos identificaron en el sur de España posible evidencia física de elefantes de guerra usados por los cartagineses durante las campañas militares contra Roma en la Segunda Guerra Púnica. El hallazgo corresponde a un hueso recuperado en el yacimiento de Colina de los Quemados, en Córdoba, fechado entre finales del siglo IV y finales del siglo III a.C.
El descubrimiento de este resto eleva de manera considerable la plausibilidad histórica de la utilización de elefantes en enfrentamientos bélicos en la península ibérica. Aunque los especialistas consultados advierten que este solo hueso no prueba de forma definitiva el cruce alpino de los elefantes de Aníbal, sí respalda que estos animales participaron en la maquinaria militar cartaginesa en el occidente europeo.
El fragmento encontrado, un hueso de carpo de alrededor de diez centímetros, fue localizado bajo una muralla derrumbada junto a otros materiales de carácter militar, incluidas monedas y proyectiles. La excavación estuvo dirigida por Rafael M Martínez Sánchez, responsable principal de los trabajos en Colina de los Quemados, quien detalló que el análisis anatómico y la datación por radiocarbono situaron el resto óseo en plena época de las Guerras Púnicas.
El método de datación permitió ubicar el hueso en el periodo conocido por la preparación de las campañas de Aníbal contra la República Romana, según indicaron los investigadores a CNN. Junto a la pieza, se recuperaron otras evidencias de actividad militar, como una docena de bolas de piedra empleadas como artillería y puntas de flecha, lo que refuerza la hipótesis de un enclave fortificado y escenario de episodios violentos.
El análisis comparativo entre restos modernos de elefantes, mamuts y el fragmento de Córdoba confirmó que el animal no era autóctono de la región. Los expertos subrayan que debió ser transportado a la península ibérica como parte de un contingente militar, según explicó el equipo a HistoryExtra. La llegada del animal a Hispania refuerza la interpretación de que se trataba de uno de los elefantes empleados por Cartago en su preparación contra Roma.
El uso de elefantes como arma psicológica y de prestigio buscaba intimidar y desorganizar a los soldados romanos, poco habituados al enfrentamiento con animales de combate de tal envergadura, destacó el arqueólogo Fernando Quesada-Sanz en CNN. Además, añadió que los elefantes resultaban efectivos tanto contra la infantería como la caballería enemiga y servían incluso para arremeter contra estructuras provisionales de defensa.
De acuerdo con testimonios recogidos por medios internacionales, los relatos clásicos mencionan que Aníbal dirigió hasta 37 elefantes en sus campañas a lo largo de España y Francia durante la Segunda Guerra Púnica (218–201 a.C.).
Sin embargo, la tradición apunta que solo uno de esos animales llegó a cruzar los Alpes y entrar en Italia. El especialista Philip Freeman, consultado por HistoryExtra, explicó que aunque espectaculares, los elefantes presentaban dificultades de manejo y no siempre ofrecían ventajas tácticas, pudiendo convertirse en un riesgo para su propio ejército.
Pese a que el contexto militar respalda la relevancia del hallazgo, expertos como Kevin Walsh, de la Universidad de York, señalaron a HistoryExtra que la muestra no constituye una identificación inequívoca de la travesía alpina de los elefantes. Walsh precisó que las condiciones ambientales de los Alpes dificultan la conservación de restos óseos durante siglos, y que la prueba definitiva requeriría encontrar artefactos directamente asociados a campamentos cartagineses en algún paso alpino junto a más huesos de elefante.
Por su parte, Fernando Quesada-Sanz recalcó que este caso representa la primera ocasión en que se identifican restos físicos atribuidos a los elefantes cartagineses en suelo europeo y sugirió que se revisen colecciones de excavaciones anteriores en España, Francia e Italia en busca de hallazgos similares. La experta Eve MacDonald, también consultada por CNN, valoró el descubrimiento como un respaldo material a las narrativas históricas sobre los enfrentamientos entre Cartago y Roma en la antigüedad.
El consenso entre los especialistas es que el hallazgo constituye un avance relevante hacia el esclarecimiento del registro arqueológico sobre la presencia y uso de animales en la guerra antigua. Sin embargo, no modifica la evaluación historiográfica del papel de Aníbal y su estrategia militar durante la Segunda Guerra Púnica, aunque añade una “capa convincente” de pruebas materiales a una historia tantas veces recreada.
El surgimiento de este pequeño hueso habilita una nueva senda en la investigación arqueológica mediterránea, acercando a la comunidad científica a descifrar episodios fundamentales sobre los recursos y estrategias de la guerra antigua y abriendo la posibilidad de futuros descubrimientos que permitan completar el rompecabezas histórico.
