“No me atraparán dos veces con la misma red”. Era 1983 y Charly García, con su habitual visión de “lo que pocos quieren ver”, dejaba plantada esa premisa en “No soy un extraño”, parte de su genial obra Clicks modernos. Tal vez algo de eso sienta en estos días Javier Madanes Quintanilla. Su abuelo, Leiser Madanes, un inmigrante polaco, había iniciado en los 40 la fábrica FATE. Primero producía telas engomadas para impermeables y luego neumáticos, con nueva tecnología para lo que era el país. Ya en los 70, bajo la conducción de Manuel y Adolfo Madanes (tío y padre de Javier) la empresa desarrolló una línea de calculadoras de oficina y científicas con la marca Cifra, que llegaron a exportarse a toda América latina. La apertura indiscriminada de Martínez de Hoz y el incipiente desarrollo de la industria electrónica en Tierra del Fuego la dejaron fuera de carrera.
Con su línea de neumáticos para automóviles y camiones FATE pudo incluso transformarse en exportadora. Hasta que el atraso cambiario y la alta carga impositiva volvieron a poner piedras en el camino. Un proceso que, con altibajos, lleva una década. Los precios (mucho más bajos) de frontera y el ingreso masivo de importaciones chinas fueron letales para que la fábrica de Victoria cerrara sus puertas. La Argentina, se sabe, puede tropezar dos veces con la misma piedra.


